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Más allá del trabajo.

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Antonio Pastor

Recuerdo como si fuera ayer mi primer encuentro con Antonio, en una cafetería del centro comercial Gran Vía de Hortaleza, debe hacer unos siete años. Me observaba bajo sus finas gafas y su mirada de psicólogo, dejándome hablar.

 

Me había citado para conocernos y tantearme como posible proveedor de servicios para desarrollar y mantener la página web de una asociación que estaba empezando a tomar cuerpo…

 

Como mi empresa, que por aquel entonces se encontraba en una fase inicial, con un proyecto lleno de ilusiones y sueños por cumplir. AEBUS (Asociación Española de Balnearios Urbanos y Spas), que más tarde pasaría a llamarse SPATERMAL, sería uno de mis primeros clientes estables. Iba a echar el resto con ellos, y demostrar que podríamos abarcar este tipo de proyectos.

 

De modo que convencí a Antonio (o él a mi), para trabajar juntos. Así, creamos la primera piedra visible de la asociación, su sitio web, que rápidamente fue creciendo en contenidos, secciones, servicios… siempre promovido por la constancia de Antonio. En toda mi carrera profesional, me he encontrado a pocas personas con tal capacidad de trabajo y sacrificio, con tal pasión y fe en lo que creía y amaba.

 

Fui conviviendo y creciendo a lo largo de los años con Antonio, compartiendo interminables jornadas de trabajo, mails, reuniones… intercaladas con charlas personales sobre fotografía, familia, viajes… la vida. Él vio nacer a mis hijos, para los que siempre tenía un recuerdo al preguntarme. Lentamente, pero con gran verdad, se fue forjando una amistad que fue mucho más allá de lo laboral. Debido a su inagotable espíritu de sacrificio y superación, hizo que yo también me superara con los continuos retos que me planteaba, siempre un paso más, siempre un poco mejor, sin darse nunca por satisfecho con el resultado. Sabía combinar esta férrea determinación con altas dosis de diplomacia y buen trato, lo que hacía que el trabajo, a pesar de ser arduo, se fuera convirtiendo en un reto, en una oportunidad de crecimiento, más que en una carga.

 

Actualizar y mantener un sitio web requiere de constancia, y dedicación, la misma que tuvo siempre para la Asociación. Creo poder afirmar que Spatermal tiene fragmentos de su alma en cada una de sus actividades, de cada texto, de cada sección. Spatermal y el concepto de ”termalismo urbano” por el que Antonio luchó a brazo partido entre ferias, congresos, revistas, conferencias y todo aquel medio donde poder hacerse oir, no puede entenderse sin la enorme figura de Antonio Pastor. Pocas veces he visto una capacidad de influencia como la suya.
Y era contagioso. Supo arengarnos y convertirnos en miembros del equipo, no en meros proveedores. Y con ello nos hizo crecer como profesionales, pero sobre todo como personas.

 

Con el tiempo, al evolucionar mis funciones en la empresa, he visto como se repetía el proceso con otros miembros de mi equipo. Se escuchaban quejas en la oficina por la exasperante implicación y atención por cada detalle, que multiplicaban los minutos al teléfono o mail con Antonio. Yo lo escuchaba de fondo y lo dejaba correr, sabiendo que estaban cayendo en sus redes de nuevo, y que eso era bueno para Spatermal y para nosotros. Esa fue su gran virtud y su gran legado, con lo que me quedo y lo que espero transmitir si las fuerzas me llegan hasta donde le han llegado a él. Hoy esas quejas se han convertido en lágrimas, como solo se llora a los que te dejan huella.

 

Con una actividad vital incansable, ayudando y superando adversidades con su familia, pareja, negocios, asociaciones, disfrutando de hobbies como el baile o la fotografía… y buscando siempre un hueco entre toda esa frenética actividad para tratarte con la afabilidad y la calma que merecen las buenas relaciones, a fuego lento. Tan fácil, y tan difícil.
Antonio nos ha dejado y estamos muy tristes. El dicho “qué buena persona era” tan avenido en estos casos, se le queda realmente corto, y no por tópico deja de ser más cierto que nunca.

 

Sólo me queda dar las gracias por su energía, con la que he tenido el privilegio de ser irradiado. Para mí fue como una especie de mentor con el que he crecido y hecho crecer a todo un equipo. Ya que no pude despedirme de él, el único homenaje posible que se me ocurre es continuar mi trabajo y mi vida saboreando cada instante con al menos el diez por ciento de la ilusión, fuerza, capacidad de trabajo y de superación de límites que él me transmitió.

 

Buen viaje amigo.
Ramiro Díaz.

 

 

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